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Artículo

La relación entre el uso de las redes sociales y las autolesiones

¿Qué nos dice la ciencia?
Anna Sintes

Dra. Anna Sintes Estévez

Psicóloga clínica. Área de Salud Mental.
Hospital Sant Joan de Déu Barcelona
Una chica adolescente con el móvil
©Getty images via Canva.com

Resumen

El impacto de las redes sociales en los jóvenes, especialmente en relación con la conducta autolesiva, ha generado un intenso debate, en el que destaca el papel de los algoritmos en la difusión de contenido dañino. Según la evidencia científica, las redes sociales no son la causa directa de las autolesiones, pero pueden amplificar las vulnerabilidades emocionales existentes. La estrategias preventivas deberían enfocarse en una educación digital y emocional adecuada y no en la prohibición.
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En los últimos años se está generando un gran debate sobre el impacto de las redes sociales en la salud mental de los niños y adolescentes en los distintos ámbitos de la vida (social, clínico, educativo...).

Cada vez hay más evidencias e investigaciones periodísticas que ponen el foco no sólo en los contenidos que circulan en las plataformas, sino en el papel de los algoritmos. Así, diversos reportajes, documentales e historias reales han revelado que los sistemas de recomendación de algunas grandes plataformas pueden favorecer la difusión de contenido potencialmente dañino para los niños y niñas menores de edad, incluidos mensajes relacionados con la autolesión, el suicidio, la violencia o la idealización o romantización del sufrimiento emocional. Estos algoritmos tienden a reforzar contenidos que generan una respuesta emocional intensa, lo que puede exponer a adolescentes vulnerables a mirar en bucle contenido tóxico.

Este contexto ha llegado también a los tribunales. Recientemente, en Estados Unidos, una joven de 19 años ha iniciado un proceso legal contra empresas como Meta y YouTube, denunciando que el diseño de las plataformas y sus funciones adictivas dañaron su salud mental. Según la demanda, la exposición continuada a determinados contenidos, combinada con mecanismos de recompensa y validación social, habría desempeñado un papel relevante en el desarrollo de la depresión, las conductas autolesivas y la ideación suicida (Ziber, 2026).

Los algoritmos de algunas plataformas pueden favorecer la difusión de contenidos relacionados con la autolesión, el suicidio, la violencia o la idealización del sufrimiento emocional.

En esta línea, Taylor Little relata cómo, desde muy pequeña, el uso de Instagram la expuso de forma reiterada a contenidos relacionados con la autolesión y el suicidio. Según ella, el algoritmo de la plataforma le recomendaba de forma progresiva imágenes, vídeos y mensajes que normalizaban, estetizaban o detallaban estas conductas, especialmente cuando ella mostraba interés o vulnerabilidad emocional. Según la chica, esta visualización constante contribuyó a construir una narrativa interna en la que el suicidio aparecía como una opción comprensible o incluso validada socialmente (Alter, 2025).

Estos casos han intensificado el debate, pero el ruido mediático y la fuerza de los relatos personales no siempre permiten distinguir entre correlación y causalidad.

Pregunta al experto

Cómo impactan las redes sociales en la autoestima

¿Qué dice la ciencia sobre la relación entre las redes sociales y las autolesiones?

Entender cómo, cuándo y en qué condiciones las redes sociales pueden aumentar el riesgo de conductas autolesivas requiere una mirada científica, para conocer no sólo si las redes sociales «hacen mal» o «hacen bien», sino también cómo interactúan con la vulnerabilidad emocional propia de la adolescencia y qué mecanismos pueden explicar por qué algunos jóvenes son especialmente sensibles a su impacto.

En esta línea, una revisión sistemática y metaanálisis de Keled et al. (2020) ha estudiado la relación entre el uso de las redes sociales y toda una serie de factores asociados, como el tiempo de conexión (tiempo de pantalla), el tipo de actividad (que se realiza cuando se está en línea), la involucración cognitiva y emocional y las conductas problemáticas asociadas.

Las redes sociales no causan directamente las conductas autolesivas pero pueden actuar como factores de incremento del riesgo en determinados adolescentes y en determinadas situaciones.

Los autores concluyen que todos estos aspectos se asocian, en mayor o menor medida, con indicadores de depresión, ansiedad y malestar psicológico en adolescentes, pero los datos no permiten concluir que las redes sean las causantes, o únicas causantes, de estos problemas. También destacan que es necesaria más investigación para observar los efectos de las diferentes variables implicadas, tanto las relacionadas con las redes y su uso, como las variables personales de los usuarios.

Algunas investigaciones, como la de Marchant et al. (2021), muestran que el factor clave no es tanto el tiempo de exposición en las redes sociales, como el tipo de uso y las experiencias emocionales asociadas. Según este estudio, la cibervictimización (acoso online), la exposición a contenido relacionado con autolesión o suicidio y el uso problemático de las redes sociales son experiencias relacionadas con la probabilidad de incurrir en autoelsiones, y no tanto al tiempo de uso.

Adolescente mirando el móvil en la cama

¿Qué códigos utilizan los jóvenes en redes sociales para hablar de autolesiones?

Por otra parte, la revisión de artículos de Odgers & Jensen (2020) pone de manifiesto que la asociación entre la cantidad de tiempo que los adolescentes pasan con tecnología digital todos los días y su bienestar es pequeña, y no permite establecer qué causa qué. En este contexto, los autores especulan que puede que las redes sociales tienden a actuar como amplificadoras de vulnerabilidades previas, como la depresión, la ansiedad, la baja autoestima o las dificultades en la regulación emocional, más que como factores desencadenantes independientes o causales.

En esta línea, un reciente estudio con adolescentes austríacos afirma que el uso de redes sociales, en general, no es un predictor directo ni universal de autolesión, pero los adolescentes que se autolesionan, cuando experimentan determinadas experiencias en las redes sociales, sobre todo las que les generaban emociones negativas, comparación social o percepción de rechazo, les provoca un aumento de la intensidad en los impulsos de autolesionarse. Por tanto, concluyen que las redes sociales pueden actuar como factor desencadenante situacional, pero sólo en determinados contextos y en adolescentes vulnerables. (Goreis et al., 2023)

¿Qué ocurre en el cerebro?: la perspectiva neurobiológica

Esta visión se enriquece con otros estudios como el realizado por Stella et al. (2025) con jóvenes catalanes, que analiza cómo los adolescentes con antecedentes de autolesiones procesan las interacciones sociales digitales desde el punto de vista neurobiológico.

Mediante resonancia magnética funcional (fMRI), los investigadores observaron la actividad cerebral de chicas adolescentes mientras simulaban interacciones propias de las redes sociales, como recibir feedback positivo o «me gustas». Las adolescentes con historial de conducta autolesiva presentaban una respuesta neuronal diferenciada en regiones implicadas en el sistema de recompensa, especialmente en áreas relacionadas con el procesamiento de la dopamina.

Las intervenciones preventivas deberían ir más allá de mensajes prohibitivos e invertir esfuerzos en una educación digital y emocional.

Estas chicas, comparadas con chicas iguales que no se autolesionaban, eran más sensibles al reconocimiento social digital, es decir, que para ellas este tipo de estímulos (me gusta) seguramente tenía un valor reforzador más elevado que para el resto.

Según los autores, este mecanismo podría contribuir al alivio emocional a corto plazo, que obtienen mediante la autolesión, pero también facilitar la consolidación de estrategias de regulación emocional desadaptativas, como la autolesión (Stella et al., 2025).

Chicos saliendo del instituto

Factores de riesgo y de protección de la conducta autolesiva

Invertir en educación digital y emocional

En conjunto, estos estudios indican que las redes sociales no causan directamente las conductas autolesivas pero pueden actuar como factores de incremento del riesgo en determinados adolescentes y en determinadas situaciones.

Desde esta perspectiva, y aunque la cuestión pueda parecer polémica, con los datos científicos actuales podemos decir que las intervenciones preventivas deberían ir más allá de mensajes prohibitivos e invertir esfuerzos en una educación digital y emocional, que ayude a los adolescentes y jóvenes a comprender el papel de la validación social, su vulnerabilidad a los «me gustan» y cómo reacciona el algoritmo ante su uso e interacción. Es decir, ayudarles a desarrollar una relación más saludable con las redes sociales y a reforzar, por supuesto, todas las habilidades de regulación emocional alternativas a la autolesión.